
Hay días en los que la ley de Murphy se erige en protagonista y hoy es uno de esos días. El instinto asesino flota en el ambiente, el aire está lleno de gas inflamable y una pequeña chispa puede provocar la explosión, pero yo tengo un antídoto para estas situaciones: el yoga.
Me tumbo en la habitacion de cubos con música oriental y recorro mentalmente mi cuerpo empezando por las piernas, se vuelven pesadas, la izquierda..... ...ahora la derecha........, ahora que pienso en derechas, no entiendo como aguanto a mi suegra, cada vez que la veo tengo que morderme la lengua para evitar un conflicto global de consecuencias inimaginables. Me dice la buena señora que "Franco hizo muchísimo por España", sobre todo limpiarla de rojos y quitarnos la libertad a todos.
Cuanto daño ha hecho el Nodo en el tierno cerebro de esa generación, las inauguraciones de pantanos con Franco a la cabeza y el seiscientos. La señora azul siempre acaba defendiendo sus teorías dictatoriales con esta frase tan original : " una cosa es la libertad y otra el libertinaje", en fin, dios aprieta pero bien.
Vaya, me he despistado, me he puesto a pensar sin darme cuenta. Voy a visualizar colores, esta técnica es muy práctica para evitar el parloteo mental. Verde ......... la oscuridad es verde............., este color siempre me recuerda al Romancero Gitano de Lorca. Roberto Bolaño era muy ácido con la clasificación de los poetas homosexuales. Los dividía por sus tendencias sexuales en: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas y ninfas. Poesía y sexo, binomio eterno. Es plausible aunque infructuoso el esfuerzo de muchos escritores de literatura erótica, intentando describir sensaciones que no se pueden plasmar en un papel, que no se pueden transcribir en palabras. El sexo vive en el hoy, en el directo, con toda la locura que conlleva y utilizando todos los sentidos, sobre todo el del tacto. Todo lo demás son sucedáneos. La paja en el ojo ajeno, ¡vaya frase!, eso si que es una perversión.Ya estoy derivando en la verborrea mental, no hay manera, lo intentaré con un mantra. Ommmmmmmm .......ommmmmmmmm..........., dicen que este mantra es el sonido que producen las galaxias en su viaje por el universo....ommmmmmmm ........ , joder, el sonido que oigo y no me deja concentrarme es el del perro del vecino de arriba que ladra como un poseso. Voy a subir el volumen de la música para no oír al perro. Quizá está un poco fuerte pero todo sea por el yoga. Ommmmmmmm ........... , llaman a la puerta, ¿quién cojones será ahora? Abro y veo al capullo de mi vecino apuntándome con el dedo y vociferando: “se ha creído que su casa es una discoteca, voy a llamar a la policía”, y yo le contesto sin acritud: “se equivoca, esto no es una discoteca, es un puticlub y su mujer no ha venido hoy a trabajar", cierro de un portazo y le oigo maldecir en hebreo.
He vuelto a perder el hilo, esta sesión de yoga se está convirtiendo en un desastre, solo me queda utilizar la postura del loto, estas meditaciones nunca me han fallado. He perdido flexibilidad pero puedo cruzar las piernas, no sin esfuerzo. Visualizo la paz, la armonía, expiro, inspiro............ , pero un dolor agudo como la dentellada de un tiburón atenaza mi pierna izquierda, es una rampa. Veo las estrellas esta vez sin hacer yoga, maldigo mi suerte y abandono esta caótica relajación.
Suena el teléfono insolentemente y como Clint Eastwood en La muerte tenía un precio, lo miro desafiante con cara de asesino y voy a por él:- Buenas tardes ..... - me dice una voz de mujer, y presumiendo una oferta de telefonía móvil, la interrumpo al borde de la crisis nerviosa:
- Ni buenas tardes ni leches, ya estoy hasta los cojones de vosotros, ¿me oyes?
- Pero que te pasa boludo, soy Carla.
- ¡Carla! - pronuncio su nombre con la voz de Forrest Gump y ahora soy consciente, es Carla, el bombón argentino del pub irlandés, creo que he metido la pata hasta el fondo.
- Te llamo para ir a cenar y me montas un kilombo, gallego. Tenés que hacer un poco de yoga, pelotudo. Chao.
- Te llamo para ir a cenar y me montas un kilombo, gallego. Tenés que hacer un poco de yoga, pelotudo. Chao.
Me quedé con el teléfono pegado a la oreja, oyendo los tonos de su ausencia y pensando en su última recomendación sobre la meditación. El yoga debería estar prohibido.




































