Roberto y su mujer Pitita, saludan con un ligero movimiento de cabeza a sus vecinos sentados en los bancos de la iglesia. Roberto se sabe respetado y envidiado, es el teniente de alcalde del ayuntamiento, conservador y creyente como dios manda. Oyendo el sermón del párroco, recuerda sus duros comienzos, pero eso es agua pasada, él es un triunfador y todo lo que tiene lo ha conseguido a base de esfuerzo, inteligencia y a veces de astucia y algunas comisiones de sus amigos constructores: el chalet, los dos Mercedes, su posición social y ....... su querida.
Celia es una querida auténtica, como las de antes, con piso-picadero y una boutique con franquicia de marca italiana. Roberto está seguro que ella le engaña, ya no demuestra la pasión de hace unos años y él apenas puede dormir. No hay nada que le atormente más que la infidelidad y ya ha decidido cortar con ella este mismo lunes. Mandará a Nikolai, su fiel ejecutor de trabajos especiales, para que informe a Celia de lo perjudicial que puede ser para su salud el intento de chantaje.
Pitita odia estos sermones monocordes, pero entiende que el párroco intente guiar a los feligreses de a pie, muy perdidos últimamente. Mientras oye la letanía del cura como música de fondo, repasa mentalmente su situación en la ONG Manitas Asia. No está dispuesta a abandonar la presidencia nacional y está segura que es María Sanz, la segunda de a bordo, la que orquesta las maniobras para moverle la silla. Si alguien la busca, la encontrará, luchará con uñas y dientes para conservar su puesto.
La atención de Pitita gira sobre asuntos locales, y Mariela, su criada filipina, ocupa ahora su mente. A Pitita se la llevan los demonios y mientras reza un padre nuestro, lee sus propios pensamientos envueltos en letras de neón: "...después del esfuerzo que supuso acogerla en España evitando su repatriación, nos paga así. Cobra seiscientos euros que para ella sola y sin gastos de alojamiento es mucho, y ahora no se le ocurre otra cosa que pedirme un contrato laboral, pero que se habrá creído esta china. A final de mes se va a la puta calle y como está la situación económica, antes del otoño está haciendo la calle. Esta muerta de hambre se va a enterar".
Los pensamientos de Pitita y de Roberto se esfuman coincidiendo con el final de la misa, no se han enterado de nada pero se sienten imbuidos del espíritu cristiano. Cuando salen de la iglesia ven la cartelera del cine anunciando la película "Doble moral"
- ¿Sabes de qué va esa película, Roberto?
- Sí, de gente que predica una cosa y hace lo contrario.
- ¡Qué fuerte, no!
