Mostrando entradas con la etiqueta Coronavirus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coronavirus. Mostrar todas las entradas

10 de abril de 2020

Justicieros de Balcón

        
        Ni el más lúcido guionista de series distópicas hubiera desarrollado una trama en la que un virus invisible y asesino se alía con un planeta agonizante y mantiene en jaque la vida y la economía de la raza humana. El coronavirus nos está golpeando con crueldad y nos ha devuelto a una realidad que incluso algunos desconocían: nuestra extrema fragilidad. Ahora, confinados en nuestras confortables cárceles, echamos de menos aquellas pequeñas cosas, cotidianas, rutinarias e insignificantes, esas que ahora sabemos que eran muy importantes.
Esta tragedia quizá saque lo mejor de nosotros, incluso puede que nos conciencie de que formamos parte de una enorme comunidad global donde el dolor de una parte es el dolor de todos, o que nos aleje del egoísmo más  rancio y nos anime a respetar, sin excepción, todo lo que nos rodea; pero no olvidemos que también puede aflorar lo peor de nosotros mismos.

Me refiero a los justicieros de balcón, los que lanzan gritos amenazantes a cualquier humano que se atreva a circular por la vía pública. Esos vigilantes de la legalidad vigente se sientes enfundados con el uniforme de policía o de la Gestapo, vaya usted a saber, con un pensamiento recurrente: "si yo no puedo, tú tampoco".

Te pueden insultar si al sacar al perro creen que has sobrepasado el límite de tiempo, y no dudan en marcar el 091, como si se  tratara de una Smith and Wesson, ante cualquier anomalía que ellos creen detectar.
Eso sí, a las 8 de la tarde están sin falta en sus balcones aplaudiendo con fervor a los sanitarios que, efectivamente, salvan nuestras vidas arriesgando las suyas, pero a algunos se les olvida que sus votos propician el desmantelamiento de la sanidad pública, esa que ahora aplauden.

29 de marzo de 2020

Enemigos invisibles


       Perdido entre tés y otras hierbas milagrosas, la dependienta de la herboristería me rescató y me convenció para que comprara un bote de probióticos con el argumento de que este producto era mucho más potente que los modestos antioxidantes que contenía el té y, además, me garantizaba una salud de hierro durante un par de meses. Leyendo las breves instrucciones que tenía el bote, me quedé perplejo, alucinado: cada cápsula contenía 15 billones de bacterias amistosas.

Esto no lo sabe nadie, pero tengo la manía de contar todas las cosas, por ejemplo, cuando voy a hacer una paella, cuento uno por uno todos los granos de arroz, no puedo evitarlo, es una información que debo conocer, pero eso de contar 15 billones de bacterias es para quitarse el sombrero.
Sin pensarlo dos veces, llamé al laboratorio sueco que fabrica los probióticos, con mi inglés de my taylor is rich, para conocer a mi alma gemela, a esa persona que había contado las bacterias de cada cápsula, pero de manera imprevista, mi interlocutor me recomendó una conocida práctica homosexual y me colgó. Los suecos tienen fama de ser muy civilizados pero realmente no tienen educación.

---------------------------------
Paciencia, prudencia y mucho ánimo, y no olvidéis la clase de zumba online todas las mañanas.


Steppenwolf