Mostrando entradas con la etiqueta Sueños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sueños. Mostrar todas las entradas

5 de agosto de 2014

Kepler 22B


        Era un día cualquiera, no hacía ni frío ni calor, no era fiesta ni lunes, era un día de sol eclipsado por algunas nubes perezosas que volaban a cámara lenta. Parecía el típico día anónimo en el que piensas en varias cosas a la vez pero realmente no estás pensando en nada, solo estas viendo la vida pasar. La radio aparecía y se desvanecía en mi mente como en un sueño, hasta que llegó esa noticia: ”..........los científicos norteamericanos que han realizado este estudio, calculan que el tiempo habitable que le queda a la tierra es de tres mil millones de años, momento en el que nos convertiremos en pasto del enorme fuego del sol. Ese será el inicio de la autodestrucción del sistema solar y de la raza humana....”.


El miedo aterrizó a la velocidad de la luz, no podía pensar en otra cosa: ¡Tres mil millones de años!, eso no es nada, el tiempo pasa volando. Como un pollo sin cabeza fui al supermercado y llené el carro de alimentos prebióticos, orgánicos, integrales, sin azúcar, sin sal y bajos en grasas. Durante las primeras semanas evité frecuentar los antros de vicio y corrupción que me estaban matando lentamente y decidí tirar a la basura los polvos blancos y mi farmacia ambulante. Todas las noches después de trabajar, corría sobre el asfalto de la ciudad durante dos horas y me levantaba todas las mañanas con una reparadora sesión de yoga. Esto probablemente me garantizaba una larga vida, pero durante una meditación caí en el la cuenta que para sobrevivir tres mil millones de años me haría falta algo más que cuidar mi salud, debería buscar otro planeta que no estuviera en llamas, un medio de transporte que me llevara hasta allí, y por supuesto, tendría que llegar vivo al año tres mil millones; era el momento de diseñar un plan de supervivencia.


La noche siguiente visité el observatorio astronómico. Guardé cola detrás de un grupo de diez asiáticos, seguramente clonados, y cuando me tocó el turno para mirar el cielo por el 
telescopio, aparecieron ante mis ojos millones de luces blancas. Entré en un estado de ebriedad emocional ante esa sobredosis de estrellas y me adueñe sin darme cuenta de todo el sistema de observación. Yo buscaba y buscaba por el cielo sin saber qué, y mientras el guía intentaba apartarme del telescopio sin éxito, me preguntó destemplado: ”¿Qué coño busca?”,  y parafraseando a alguien le dije: “ mi casa”. Aunque estuvo a punto de llamar a seguridad, cuando finalizó la sesión de visitas me confeso su obsesión por los planetas habitables y me dijo como un secreto, casi al oído, que Kepler 22B era el planeta que estaba buscando porque tenia las mismas condiciones que la tierra, un planeta joven, una temperatura media de 20 grados y seguramente con grandes lagos de agua. Le agradecí efusivamente la información que me había dado, pero cuando me iba me dijo con ironía: “ Ah, se me olvidaba, Kepler esta a 600 años luz, llévese algún libro para leer”.

No iba a leer, iba a dormir. Contacté con la prestigiosa empresa norteamericana Future Kryos Systems, líder en sistemas globales de criogenización, método por el cual un cuerpo puede ser preservado indefinidamente mediante condiciones de frió intenso con la esperanza de ser reanimado años más tarde. Necesitaba diez millones de dólares que serían ingresados en una cuenta de la compañía (el dinero no era mi problema) y con parte de los intereses anuales resultantes se pagaría la criogenización, además me garantizaron que si por cualquier motivo no se pudieran mantener las condiciones de conservación, me despertarían devolviéndome el depósito invertido (ya que daban por hecho que a partir de 2050, un cuerpo congelado podría ser reanimado). Durante los días anteriores a la firma del contrato con los FK Systems me sentía inmortal, podría viajar por el tiempo, pulsar el pause y proseguir con el play miles de años después disfrutando de la vida eterna, porque la ciencia apunta a ese camino y en unos miles de años estará conseguido. Viajaría hasta Kepler 22B en un vehículo intradimensional que reducirían seiscientos años luz a diez horas de viaje alucinante; las galaxias serían nuestras ciudades y por fin podríamos ver los rayos C brillar cerca de la Puerta de Tannhauser.

La sucursal de FK Systems estaba en la calle Alcalá y ocupaba un edificio de veinte plantas que imitaba una barra gigante de hielo. Había quedado a las diez para firmar el contrato y como un niño con zapatos nuevos crucé confiado la calle mirando la espectacular decoración, pero en ese momento un taxista descontrolado me embistió de lleno y según el atestado, la palmé en el acto. Se fueron al traste todos mis sueños por un puto despiste, adiós al contacto con otras formas de vida y a una visión deslumbrante de nuevos mundos a los que ninguna droga te puede llevar. Pero de manera inexplicable, tumbado en el asfalto observaba como el personal de la ambulancia recogía mi cuerpo, y joder, era verdad, vi ese túnel lleno de luz y toda mi vida paso delante de mi en un viaje que duró unos segundos o quizá miles de años, quien sabe. Durante mi recorrido y a modo de extraño regalo, visité varias galaxias en estado de éxtasis y observé dentro de ese grandioso espectáculo astral como la cadena de la evolución se convertía finalmente en dios.

Que nadie crea que me ha pasado desapercibido el hecho de que escribir este texto si ya estás muerto es un poco difícil, pero como si fuera gallego, voy a responder con una reflexión: si alguien puede leer lo que escribe un muerto, es muy posible que esté en el mismo bando que él. Sí, a veces es muy duro enterarse de las cosas así, de golpe, leyendo las palabras sin dirección de un blog perdido en las entrañas de la red, pero por lo que me han contado, hay cosas mucho más duras en las 50 sombras de Grey. 


28 de marzo de 2012

Otras realidades

el cazador
       
         Tengo un recuerdo vago y alcohólico pero creo que el sábado estuve en una boda. Parece mentira pero todavía hay gente que se casa, y eso que la letra pequeña del contrato indica con claridad que el matrimonio puede perjudicar seriamente la salud de la pareja y acabar de un plumazo con la magia, suponiendo que quedara alguna. Posiblemente estas ceremonias esconden un deseo innato de poseer a la otra persona, un anhelo oculto de comprar una esclava o de contratar un guardaespaldas, vaya usted a saber. 
    
        Todavía se compran esposas a cambio de un puñado de camellos, de los de cuatro patas, pero vamos a la boda. Fue etílica y alucinógena, como casi todas, con los consabidos lemas típicos de:  “vivan los novios”  y “que se besen, que se besen”, y por supuesto no faltó un animador con un molesto micro que no hubiera sobrevivido si el mal de ojo y el vudú realmente fueran efectivos. Mientras tanto, los decibelios en el aire aumentaban sin parar de manera directamente proporcional a las botellas de vino y cerveza que iban desfilando por las mesas.
Al final ya nadie sabía si estaba en una boda, en un bautizo o en una comunión, pero alegría, tengo que decir sin dudar que había a raudales.


         Antes de terminar la abundante cena, se produjeron migraciones para fumar en los enormes e inmaculados aseos del salón del hotel, formándose dos corrillos, uno alrededor de un surtidor de cocaína, y otro junto a un dispensador al pormenor de chinas de hachís. En la improvisada tertulia se mezclaban risas, temas tan dispares como el paro, el matrimonio, proyectos para emigrar a Alemania y sugerencias para seguir la noche después de la boda.


       La barra libre, el agua de fuego y el reggaetón que sonaba repulsivamente fuerte, acabó por destrozar los pocos cerebros que todavía sobrevivían. En el salón ya solo existían dos tipos de especies: 
       A) La gente responsable, los que se habían puesto hasta arriba de alcohol.
       B) La gente irresponsable como nosotros. Si hay una figura gráfica que nos pudiera definir en ese momento, sería la del zombi sapiens.
Después de continuar toda la noche por los tugurios del casco antiguo de Alicante, la cama me acogió como la Cruz Roja lo hace con un herido de guerra, y sin tiempo para quitarme la ropa, me dediqué a soñar las cosas más disparatadas que recuerdo desde que analizo mis sueños.


       En el primer sueño, yo formaba parte de la pancarta que encabezaba la manifestación de la huelga general. A mi izquierda, que es mucho decir, tenia a Rajoy, disparando a lo Swarzenegger con un kalashnikov contra toda la gente que había en la manifestación. Cuando le pedí explicaciones por su salvaje actuación, me contestó que era la única solución para detener el paro, argumentando que a Vulcano, el dios del trabajo, había que ofrecerle un sacrificio para que nos mandara empleo, como el maná que alimentó al pueblo judío en el desierto, y ese sacrificio era la muerte de parte de los plebeyos. Desperté aturdido de la pesadilla y en ese momento lo comprendí.


        En mi segundo sueño, el Ayuntamiento de Roquetas de Mar organizaba una corrida de toros para niños, para introducirlos en el mundo del arte, según "ellos". Me desperté con la boca seca agradeciendo que fuera solo una pesadilla, pero no, estaba oyendo la radio que ratificaba la esperpéntica noticia. Me bebí media botella de agua de un trago y seguí durmiendo.


        Mi tercer sueño me llevó hacia senderos espeluznantes. Soñé que el Valle de los Caídos se había convertido en un parque de atracciones. Franco, en un ataúd de cristal, saludaba con un movimiento rítmico del brazo gracias a un engendro mecánico y a la vez repetía con voz de pito, “yo por España.... mato”.  Junto a paquito, había una bandeja para echar monedas y cuando me disponía a colaborar en el mantenimiento de este maravilloso parque del horror, me despertó el morro húmedo de Diego, mi perro, recordándome mis obligaciones como dueño. ¡Joder!, mira que me recomendaron un montón de veces que comprara un canario, pero bueno, a Diego no lo cambio ni por un loro con pedigrí, a excepción de una especie de loros que hablan en ingles, que eso ya habría que pensarlo. 


        Mientras me quitaba la ropa para ducharme, advertí que iba vestido con un chaqué, como un verdadero novio. Hice inventario de la tormentosa noche que había vivido y no encontré en la realidad ordinaria ninguna boda, entonces, ¿fue un sueño? 
He rechazado la idea aparentemente lógica de sacar conclusiones al respecto, porque intuyo que la línea que divide la realidad de los sueños es muy estrecha, delgadísima, casi inexistente.                                                             

Steppenwolf