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10 de diciembre de 2019

Enero 2150



         Sin parpadear, perseguía con la mirada los miles de focos que alumbraban la ciudad, elevándose por el espacio hasta chocar con el grueso muro de nubes negras que forman el techo de nuestras noches de veinticuatro horas.
Antes de la guerra nuclear, el sol brillaba sobre calles y parques, y no dejo de preguntarme cual es el límite de nuestro gusto por la destrucción; somos una verdadera lacra para el planeta.

Me inyecté mi dosis diaria de bendiapina para inmunizarme de la contaminación (similar a la morfina pero sin sus efectos secundarios) y, mecánicamente, subí al transportador aéreo aparcado en la fachada de mi apartamento de la planta 42, le dí las coordenadas de mi destino con la orden de voz: Sara, y el vehículo comenzó a volar veloz y silenciosamente entre la lluvia ácida.

Sara estaba radiante como siempre. La besé suavemente y mirándola a los ojos intuí que algo le preocupaba. Ella es ingeniera aeroespacial, le han propuesto que dirija el nuevo proyecto internacional para crear la primera colonia en Marte; la Tierra tiene fecha de caducidad.

- Eso es fantástico cariño, te lo mereces, eres la más preparada para dirigir este proyecto — la felicité cálidamente, pero ella solo mostró una media sonrisa —Qué pasa, cual es la mala noticia? — repliqué nervioso.

- Tengo que formar parte de la tripulación, voy a estar en Marte diez años – dijo ella mirando la copa de esa bebida lechosa de moda.

- Ya has tomado la decisión? – le dije temiendo la respuesta. Ella asintió con la cabeza.

- Ven conmigo, yo lo arreglaré, por favor – dijo con tono de súplica.

- No funcionará, pero no te preocupes, el tiempo pasa muy rápido. Vamos a cenar – le dije mientras la abrazaba.

Han pasado dos semanas desde que se fue y me han parecido dos años. No puedo concentrarme en mi trabajo, he perdido la motivación y a todo el mundo le he dado las excusas más peregrinas para aislarme como un autista. Cuando compré a Sara, me dijeron que era el modelo de robot androide más avanzado; podría pensar por si misma y actuaría sin ningún control por mi parte, lo que no me dijeron es que me quedaría enganchado de ella.

Sara me llamó ayer y me dijo que necesitaban un arquitecto para diseñar la nueva ciudad que iban a construir y que yo era el elegido: "no te puedes negar y, además, podríamos continuar esa conversación sobre un pequeño androide".
No voy a tener más remedio que abandonarlo todo e irme a Marte.........en busca de un robot.


Steppenwolf