Ordenando los libros del trastero, me he encontrado con un ejemplar que juro ante notario no haberlo comprado yo y que me ha hecho reflexionar, actitudes familiares correctas, se llama el libreto de 100 páginas. Te va dirigiendo hacia el camino del bien hasta encontrar la clave de la familia perfecta; lo he ojeado por encima y mis peores previsiones se han cumplido: información sexual sesgada, normativas y reglas, figura predominante del cabeza de familia, estructura jerarquizada y una orientación muy moralista. Tengo serias dudas del éxito de este tipo de familias en el siglo XXI, y si no se produce un cambio profundo en los cimientos de esta institución, la familia seguirá siendo un himno a la hipocresía. Pongamos buena cara que vienen los vecinos.
Una buena parte de la sociedad occidental mantiene los modelos tradicionales de la familia conservadora, pero hace aguas desde hace mucho tiempo y ahora mucho más con la progresiva liberación de la mujer. No dudo que hayan parejas afortunadamente casadas con más de cincuenta años de duración y bloques familiares felices, pero me temo que esas serán las excepciones. El mensaje de supervivencia de nuestra raza nos ordena reproducirnos con el mayor numero de parejas posibles para que no se extinga nuestra especie, es un mensaje que está escrito en nuestro ADN. Por otra parte, la familia clásica con formato tradicional, limita todos los impulsos sexuales fuera de la pareja dentro de una vida cerrada y sin ventanas. Aquí hay un conflicto y la solución sería modificar el ADN o modificar el concepto de familia.No quiero centrar mi argumento solo en las relaciones sexuales, lo mismo podríamos decir del estatus de igualdad inexistente en la mayoría de las familias y nuestra progresiva codicia, tiempo por dinero, incompatible con una relación saludable y profunda donde el tiempo que debemos emplear en nuestra relación con todos los miembros es fundamental. La familia clásica esta en contradicción con nuestras ordenes genéticas, con la razón y con la valentía que se necesita para abordar reformas que eviten conflictos internos, así como finales traumáticos en la relación de la parejas heterosexuales y las consecuencias nefastas para los hijos. Con esta afirmación no preconizo la creación de comunas hippies como en los años sesenta, pero para armonizar estas dos tendencias opuestas se deberían explorar modelos alternativos, aunque creo que la propia evolución social indicará como relacionarnos de una manero más libre dentro de esta sagrada institución. La familia, tal y como hoy la conocemos, tiene fecha de caducidad.
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