Su único hobby es pasear a Arnold, su mascota. Rocco Motta siempre ha pertenecido al clan de la familia Borsalino, en el corazón de los dominios de la camorra napolitana. A los catorce años inicio sus actividades como vigilante de zona y a los veinticinco ya era guardaespaldas del capo del clan, Luca Borsalino. Diez años más tarde se encargaba de la distribución de los productos textiles que llegaban al puerto de Nápoles. Las extorsiones y los ajustes de cuentas los realizaba él personalmente, hasta que recibió un balazo en plena cara. La bala se introdujo por su boca y salio por la nuca. Después de 32 días en coma, Rocco nunca volvió a ser el mismo y fue "prejubilado". Era un gangster peligroso pero ahora es casi un vegetal, con una sonrisa permanente pero carente de alegría, es solo una caricatura de la mafia. Esta mañana ha vuelto a pasear a su canario Arnold por Vía Toledo, con su mini-collar y su cuerda de cinco metros para que pueda volar un poco.
La fidelidad y el hermetismo que existe en la Camorra napolitana y en la Cosa Nostra siciliana, es mucho más fuerte que la devoción que exige cualquier secta religiosa o política. El significado original de la palabra mafioso se podría traducir como hombre de honor, paradojas de la vida. La extorsión en zonas dominadas por la mafia impregna todas las capas sociales. La familia mafiosa pide a cada empresa y comercio una contribución a cambio de seguir viviendo, convenciendo a los escépticos mediante la violencia y la intimidación. Rápidamente se va formando un imperio económico alrededor de "la familia". Si el sector elegido es el de la construcción, la mafia amplia su radio de acción hasta apropiarse de canteras, cementeras e inmobiliarias. Poco a poco, al resto de empresarios del sector no les queda otro remedio que cerrar sus negocios y marcharse. Y así ocurre con todos los sectores productivos.Otro importante objetivo de las mafias es la apropiación de fondos y contratas públicas mediante sobornos. Las mafias modernas no necesitan a los matones de Al Capone para conseguir sus objetivos, sus líderes son capos de cuello blanco, hombres relevantes de la escena económica o política, sus delitos ahora se llaman tramas de corrupción, y casi nunca son inculpados porque siempre hay subordinados que pagan la fiesta quedando como los cerebros de la operación, pero el señor X nunca asume su responsabilidad y se va de rositas. Estos grupos amasan grandes fortunas gracias a sus conexiones políticas y aparecen finalmente ante nosotros como holdings multinacionales, bancos impulsores de la economía, partidos políticos vigilantes de la moral, o simplemente como capital puro y duro, ese que suena en los telediarios con el eufemismo de "mercados". Si no fuera porque me he prohibido hablar de política, diría que la mafia y la corrupción se han introducido hasta en el último rincón de este país.
