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20 de junio de 2012

Mensajes Subliminales

        Los mensajes subliminales son aquellos que se cuelan por alguna rendija de nuestro cuerpo sin que seamos conscientes. Sin previo aviso nos sorprenden con la guardia baja, nos disparan sin piedad, a quemarropa, invadiendo zonas importantes de nuestro centro de control y toma de decisiones.

        Todos recibimos mensajes subliminales que son decodificados posteriormente durante el sueño o en fases de meditación, emergiendo posteriormente a la superficie y pasando a formar parte de las firmes convicciones de la víctima en cuestión. 
Sin ninguna duda, los verdaderos gurús de estos whatsapps telepáticos son las empresas de publicidad. Nos estudian como si fuéramos conejillos de indias, se encargan de convencernos y persuadirnos silenciosamente para conseguir sus objetivos, aunque para ello sea necesario entrar en nuestro subconsciente con mensajes que asocien el producto anunciado con el placer y la felicidad. Los publicistas todavía no forman parte de una banda terrorista, son totalmente legales, incluso estas técnicas de manipulación se estudian en las universidades de todo el mundo. Es difícil de creer, pero es así.                                                                   
        Las malas lenguas dicen que el aparato de propaganda de los partidos políticos siempre han utilizado los mensajes subliminales para arañar nuestra voluntad y modificar la percepción que tenemos de ellos. A los dictadores no les hace falta utilizar estas técnicas de "comunicación", aunque también han hecho sus pinitos, basta recabar información de como el Nodo en la época de la dictadura, mediante eslóganes y símbolos se encargaba de limpiar la imagen del régimen y transformar a los fachas en tiernas hermanas de la caridad. 

        Damián me contó en voz baja (como si me hubiera desvelado la fórmula de la Coca Cola) una técnica capaz de conseguir logros impresionantes mediante mensajes subliminales e información dirigida al subconsciente: "si duermes oyendo lecciones de ingles, aprendes el idioma sin esfuerzo". Desconfié de la eficacia del método, pero en mi intento de dominar el inglés para conseguir un trabajo estable y acabar con el acoso del casero al que no pagaba desde hacía tres meses, hice la prueba.
Me coloqué los auriculares con 40 lecciones de inglés para "estudiarlas" mientras dormía, pero cuando desperté, hablaba una extraña mezcla de japonés y spanglish parecida al lenguaje que utilizaba la niña del exorcista cuando estaba poseída. No podía volver al español de ninguna manera pero no perdí los nervios, esperaba que tarde o temprano el efecto satánico desapareciera. En ese momento vino el casero a reclamarme el dinero del alquiler y cuando inventaba una excusa creíble, comencé a hablarle rebobinando al revés con acento demoniaco, el casero retrocedió unos pasos con los ojos muy abiertos y sin mediar palabra corrió despavorido escaleras abajo. No podía creerlo, el método había funcionado.


28 de mayo de 2011

El Alpinista




         Soy un alpinista que arriesga su vida solo para tocar el espejismo de la cima. El viento me acompaña mientras el tímido horizonte se niega a ser visitado, y muy cerca de la cima puedo ver el techo del cielo nocturno salpicado de millones de islas brillantes rodeadas de tiempo, como cada uno de nosotros. Bukowsky, Henry Miller y Jack Kerouac, subieron para decirme que este tipo de vida me llevaría al precipicio, pero ya era demasiado tarde.

        A veces siento simpatía por el diablo, pero no me sorprende mi inclinación por los perdedores, seguramente apoyaría a los ángeles del infierno antes que a los habitantes del cielo, los cruzados del bien. El bien y el mal, aquí o allí, nosotros y ellos; siempre hay dos bandos que justifican la confrontación, ¿acaso la oscuridad no vive en la noche del día? ¿No son el bien y el mal dos caras de la misma moneda? Cualquier argumento puede ser volteado mediante silogismos, pero no deja de ser un juego verbal ante una misma realidad. La ignorancia siempre viene acompañada de hipócritas plañideras ante la muerte de la consciencia y el entendimiento.

        Luchamos desesperadamente, escalamos la montaña con poco oxígeno, pero no conseguimos llegar a la cima. Corremos con todas nuestras fuerzas detrás de la presa, pero la liebre electrónica se aleja cada vez que nos acercamos. Si no podemos vivir bajo un mínimo estatus económico, nos llamarán pobres; si no seguimos las reglas preestablecidas, seremos un peligro para el sistema. ¿Podemos considerar pobre o antisistema a un águila porque no tiene dinero ni respeto a las reglas? La única propiedad que poseemos es nuestra vida de alquiler, el tiempo que nos queda por vivir, ese que se nos escapa como agua entre las manos en un viaje directo y con una única parada final. Somos alpinistas que malgastan sus vidas intentando tocar el espejismo de la felicidad.

                                                           

Steppenwolf