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22 de diciembre de 2016

Navega

                    
                 
       Navega, sola, y adéntrate en un mar adormecido. La tierra desaparece lentamente a estribor y la proa apunta hacia un horizonte mixto de cielo ámbar y agua de cristal.
Solo se oyen algunos quejidos de los remos y de la rancia madera de la barca, mientras el agua te lleva hacia ninguna parte, serena, como un anfitrión que te da todo su tiempo sin ningún atisbo de cicatería. Tu respiración resuena entre la banda sonora del silencio, las gaviotas te lanzan miradas cómplices y ni siquiera las tímidas ondas azules se niegan a formar parte del concierto marino, el mismo que reinó durante millones de años después de la gran tempestad.  
Solo puedes vivir el ahora, porque no hay nada más. El pasado ya no existe y el futuro amenaza con llenarse de infinitos mundos virtuales. Si, las posibilidades de habitar en un mundo real serán casi nulas, así pues, navega y respira el aire salado celebrando el reencuentro y la despedida de la realidad. Allí, en ese mar, te espero.

15 de noviembre de 2016

Quiéreme




Quiéreme,
manifiéstate de súbito.
Choquémonos, como por arte mágico
en este sitio, un miércoles.
Pidámonos disculpas. Sonriámonos.
Intentemos tirar el muro gélido
diciéndonos las cuatro cosas típicas.
Caigámonos simpáticos.
Preguntémonos cosas.
Invitémonos a bebidas alcohólicas.
Dejémonos llevar más lejos.
Déjame que despliegue mi táctica.
Escúchame decir cosa estúpidas
y ríete. Sonríeme. Sorpréndete
valorándome como oferta sólida.
Y a partir de ahí,
quiéreme.

Sin rúbrica, pero por pacto tácito
acepta ser mi víctima.
Déjame que te lleve hacia la atmósfera,
acompáñame a mi triste habitáculo.
Sentémonos, mirémonos,
relajémonos y pongamos música.
De pronto, abalancémonos
besémonos con hambre, acariciémonos,
Desnudémonos rápido
y volvámonos locos. Devorémonos
como bestias indómitas. Mostrémonos
solícitos en cada prolegómeno.
Derritámonos en abrazos cálidos
Vertámonos en húmedos océanos.
Ábrete a mí, abandónate y enséñame
el sabor de tus líquidos.
Mordámonos, toquémonos, gritémonos
permitámonos que todo sea válido
y sin parar, follémonos.
Follémonos hasta quedar afónicos
Follémonos hasta quedar escuálidos.
Durmámonos después, así,
abrazándonos. Y al otro día,
quiéreme.

Despidámonos rígidos, y márchate
de regreso a tus límites
satisfecha del paréntesis lúbrico
pero considerándolo algo efímero
sin segundo capítulo.
Deja pasar el tiempo, mas sorpréndete
recordándome en flashes esporádicos
y sintiendo al hacerlo un sicalíptico
látigo por tus gónadas.
Descúbrete a menudo preguntándote
qué será de este crápula.
Y un día, sin siquiera proponértelo
rescata de tus dígitos mi número
llámame por teléfono
y alégrate de oírme. Retransmíteme,
ponme al día de cómo van tus crónicas
y escucha como narro mis anécdotas.
Y al final, algo tímidos, citémonos.
En cualquier cafetín de corte clásico
volvámonos a ver, sintiendo idéntico
vértigo en el estómago.
Y en ese instante,
quiéreme.

Apenas pasen un par de centésimas
sintamos al unísono un relámpago
de éxtasis limpio y cándido,
y en un crescendo cinematográfico
dejémonos de artificios y máscaras.
Rindámonos a la atracción magnética
que gritan nuestros átomos
y sintámonos de placer pletóricos
por sentirla recíproca.
Unidos en un abrazo simétrico
perdámonos por esas calles lóbregas
regalándonos en cada parquímetro
con besos mayestáticos
que causen graves choques de automóviles
y estropeen los semáforos. Y para siempre,
quiéreme.

Dejemos que se haga fuerte el vínculo,
unamos nuestro caminar errático,
declarémonos cómplices,
descubramos restaurantes asiáticos,
compartamos películas,
contemplemos bucólicos crepúsculos,
charlemos de poética y política
y celebremos nuestras onomásticas
regalándonos fruslerías simbólicas
en veladas románticas. Y entre una y otra,
quiéreme.

Dejemos de quedar con el grupúsculo
de amigos. Que los follen por la próstata.
Pues si ponemos el asunto en diáfano
solo eran una pandilla de imbéciles.
Cerrémonos, y en un afán orgiástico
con afición sigamos explorándonos
buscando como ávidos heroinómanos
el subidón de aquel polvo iniciático.
Y aunque no lo logremos. Da igual,
quiéreme.

Para evitar que nuestra vida íntima
se corrompa con óxido
busquémonos alternativas lúdicas
apuntémonos a clases de kárate
o de danzas vernáculas
juntémonos en cursos gastronómicos.
Presentémonos a nuestros mutuos próceres
anteriores del árbol genealógico
y a lo largo del cónclave
sintámonos con ellos algo incómodos
más felices de haber pasado el trámite.
Y quiéreme después. Sigue queriéndome,
continuando con el proceso lógico
juntemos nuestras vidas en un sólido
matrimonio eclesiástico,
casémonos a la manera clásica,
hagamos un bodorrio pantagruélico,
y cual pájaros de temporada en éxodo
vayámonos de viaje hacia los trópicos
y bailemos el sóngoro cosóngoro
mientras bebemos cócteles exóticos.
Y al regresar, sentemos nuestros cráneos.
Comprémonos un piso. Hipotequémonos
Llenémoslo con electrodomésticos
y aparatos eléctricos,
y paguemos en precio de las dádivas
regalándole nueve horas periódicas
a trabajos insípidos
que permitan llenar el frigorífico.
Y mientras todo ocurre, solo
quiéreme.

Del fondo de tu útero
saquemos unos cuantos hijos pálidos,
bauticémoslos con nombres de apóstoles,
llenémoslos de amor y contagiémoslos
con nuestra lóbrega tristeza crónica.
Apuntémoslos a clases de música
de mímica y de álgebra,
y démosles zapatos ortopédicos,
aparatos dentales costosísimos,
fórmulas matemáticas y complejos edípicos
que llenen el diván de los psicólogos.
Releguemos nuestro ritual erótico
a la noches del sábado
cuando ellos salgan vestidos de góticos
a ponerse pletóricos
ciegos de barbitúricos.
Paguémosles las tasas académicas
a los viajes a Ámsterdam.
Dejemos que presenten a sus cónyuges
y al final, entreguémoslos
para que los devoren las mandíbulas
de este mundo famélico. Y ya sin ellos,
quiéreme.

A lo largo de apuros económicos
y de exámenes médicos,
mientras que nos volvemos antiestéticos
más cínicos, sarcásticos,
nos aplaste el sentido del ridículo
y nos comen los cánceres y úlceras.
Quiéreme aunque nos quedemos sin diálogo
Y te pongan histérica mis hábitos.
Enfádate, golpéame, hasta grítame
y como única válvula catártica
desahógate en relaciones adúlteras
con amantes más jóvenes
y regresa entre lágrimas y súplicas
perjurándome que aún sigues amándome.
Y yo contestaré tan solo,
quiéreme.

Quiéreme aunque te premie salpicándote
en escándalos cíclicos
y te insulte, y te haga sentir minúscula
y me pase humillándote
y me haya vuelto un sátrapa
que roza cada día el coma etílico
y me haya vuelto politoxicómano
y me conozcan ya en cada prostíbulo,
continúa queriéndome.

Mientras pasan espídicas las décadas
y nos envuelve el tiempo maquiavélico
en un líquido amniótico
que borre el odio que arde en nuestros glóbulos
y nos arroje al hospital geriátrico
a compartir habitación minúscula
inválidos, mirándonos sin más fuerza ni diálogo
que el eco de nuestras vacías cáscaras.
Quiéreme para que pueda decirte
cuando vea la sombra de mi lápida
Y antes de que venga y cierre la mano
de la muerte mis párpados:
Ojalá el tiempo sea cíclico
y volvamos de nuevo reencarnándonos
en dos vidas idénticas,
y cuando en el umbral redescubierto
de una noche de miércoles pretérita
tras chocarme contigo
girándote, me digas: "Uy, perdóname"
le ruego que permita el dios auténtico
que recuerde en un segundo epifánico
cómo será el futuro de este cántico
cómo irán nuestras flores corrompiéndose
cómo acabaré odiándote
cómo destrozarás cuanto fue insólito
en este ser, cómo la vida empírica
nos tornará en autómatas patéticos
hasta llevarnos a la justa antípoda
de nuestro sueño idílico.
Y sabiendo todo esto, anticipándolo,
pueda mirarte directo a los ojos
y conociéndolo muy bien. Sabiendo
el devenir de futuras esdrújulas,
destrozando en un pisotón mi brújula,
te diga solo:
quiéreme.

Daniel Orviz


10 de octubre de 2011

Una causa perdida

                         
        Morena y menuda, con zapatillas y vaqueros raídos, solía estar sentada frente al lago huyendo de la multitud, siempre en el mismo banco y con un libro sin letras. La conocí un invierno lluvioso, un día en el que el cielo coloreaba el lago de gris sobre un fondo sepia.  Ahora nos vemos casi todos los días y compartimos secretos sobre hechizos y brujería. 

        Cuando estoy con ella, toda mi atención se centra en esos intensos silencios sugerentes que recita con maestría. Su mirada cómplice siempre deriva en una sonrisa melancólica, y sin despedidas, desaparece dejando una estela de luz blanca en un horizonte cambiante. Ella vive muy cerca de nosotros, entre la nieve y el fuego, rodeada de magia.

        Fiel espectadora de tormentas, pasea bajo la lluvia con su paraguas transparente, oyendo el murmullo del agua y fundiéndose con el delicado aroma de la tierra mojada, y a pesar de ser una diosa solitaria, siempre se hace acompañar por el silencio y por todas nuestras causas perdidas.

23 de agosto de 2011

Buscando la lluvia

              


         Busco la lluvia en el norte de la Vía Láctea, donde las gotas caen hacia ninguna parte con la cadencia lenta y armónica del cristal líquido. Busco la lluvia que se apodera de los tejados y las calles, del aire y de tu aliento cálido y humeante. Busco la lluvia torrencial y desatada que drena el enfangado subconsciente, esa que repiquetea en el suelo bailando a ritmo de bossa nova. 

           Lluvia ingrávida y etérea, perfumada con lavanda, habitante del reino de la tristeza sabia, de la melancolía serena y la felicidad húmeda. Lluvia que cauteriza las heridas del alma provocadas por el odio ciego y por la soledad salvaje, y esa lluvia me indicará el camino hacia los Pirineos Catalanes, a Ordesa, a Donosti y al Botxo, a Cantabria, a Llanes, a Covadonga y a las rías gallegas, y por supuesto, espero mal tiempo.
                                     
                                           

15 de agosto de 2011

Ya no me importa




El viento va cargado de poemas,
  que calan el espíritu como lluvia de verano,
aspiro sin pudor pretenciosas metáforas, 
 y como el síntoma de una disonancia,
esos versos me anestesian.
Siento que te alejas sin motivos aparentes,
pero da igual, no me importa lo que sientes


Mientras la crisis avanza, el coche no arranca, 
el dentista me atraca, los vecinos me rayan,
los yonkis hacen footing, los atletas se drogan,
las putas visitan al papa, los pájaros ya no vuelan,
el sol no se enciende, la noche se esconde, el tiempo se para
y la vida se acaba........ pero ya no me importa..

 Los suicidas amenazan con no tirarse del puente,
con mantenerse vivos hasta cumplir los ciento veinte.
 Los trapecistas se zambullen en el asfalto,
 evitando caer en las redes traicioneras.
Las gaviotas atacan el puerto pesquero,
 y otro Pearl Harbor terrible adivino,
 de excrementos kamikazes y asesinos.

La Santísima Trinidad hace topless en la playa,
los dictadores protestan, los corderos se sublevan, 
las gemelas se desploman en las torres de control,
 los chinos nos enseñan mandarín en las trincheras,
y mancebos callejeros empapados en alcohol,
  con el vino más barato, asesinan la ilusión.
Ya nada importa.
 





9 de julio de 2011

La última corrida



         ¿Cuando dejarán de matar animales bajo el vergonzoso amparo del arte y de la noble cacería?  Los animales no son payasos ni su habitat natural son las jaulas. Pienso, reflexiono y deseo que de una vez se ponga fin a la tortura sistemática de los animales solo por diversión, y si los niños quieren ver animales, habrá que llevarlos a reservas naturales, a África, yo que sé.
 Hay que cerrar los circos y zoológicos, por respeto a ellos y a nosotros mismos.




Herida la fiesta nacional ya prohibida,

 los toros aplauden, el respetable llora.


Hoy es la despedida, la ultima corrida, 

pero hay mejores plazas a estas horas,

y ahora me encuentro en tu guarida.



Aterrizo entre el humo de la niebla,

hechicera privada de magia negra,

mantis religiosa, depredadora nocturna,

 disfrazada 
con tu mascara veneciana , 

fingiendo ser una niña mimada.



Lenta y sinuosa es la escalada,

salvando escollos dulces y salados,

me recreo en las curvas del deseo,

rozo con el mío, tu vientre de seda,

estrellas de colores dibujan tu estela.



Como pálidos samuráis nos miramos,

sin espadas, sin temor a la  muerte,

esperando la violencia de los cuerpos,

 en mi lucha por invadir lo más profundo

de tu blanca piel, de tu rojo infierno.

            

4 de mayo de 2011

Tiempo y dinero








Te espero en el bar con smoking y zapatos italianos,

tú llegas tarde, con vaqueros y con botas de cuero.

Yo pido soda con hielo, tú bebes ron del infierno.

Te escribo versos sobre el cielo y sobre el mar,

riendo me los quitas y recitas Bagdad Rap.

Contra toda mi ortodoxia, tu perfil más underground,

ni atraídos como imanes, nunca pensamos igual.

Ahora me sugieres un viaje, por las curvas de tu cuerpo,

tú me miras con malicia y sin perder ni un segundo,

aterrizas con tus besos, que saben a caramelo,

 yo te observo desde el cielo mientras subes a la cima.

Termina la batalla, solos tú, yo y el alba,

te entrego un billete violeta, pero ahora no lo aceptas,

 solo quieres cobrar con mi tiempo, esta vez,

y es que nunca estamos de acuerdo, ya lo ves.

6 de marzo de 2011

Cabalgando en la tormenta

 


        No me ofrezcáis vuestros prejuicios, son pesados fardos que arrastran los masoquistas con patética resignación. No me apoyo en la tristeza ni en la melancolía, tan solo me sitúo  lejos de la envidia y de la vanidad, de las risas histéricas y de las lagrimas de miedo. Vivo sin remordimientos, sin creer en nada, sin fe y sin esperanza, sin la morbosa dependencia de la manada. No venero a mitos ni persigo sublimes ideales, porque nada me importa, todo me sobra, excepto tú.

        Viajo sobre las rojas redes de un universo carnal, y me elevo sobre vuestras miradas y sobre las leyes temporales que sin criterio alguno creáis y volvéis a destruir como castillos de arena. Rechazo los grilletes con cadenas que me ofrece la fundación humana y vuestros refugios apilados en la ciudad del miedo.

No formo parte del rebaño que adora a vuestros dioses de barro, no soy blanco ni soy negro porque no entiendo de colores, no soy de aquí ni de allí porque no distingo las fronteras, no pasto junto al rebaño porque no bailo al son de los tambores. Solo dependo de ti.

        Y como un depredador hambriento de tu cuerpo, te busco en el azote del huracán, en el bramido del mar chocando contra las rocas y en la furia del rayo que vomita truenos justicieros. Como un asesino desesperado, me aferro a tu cintura desnuda cabalgando en la tormenta y asedio tu volcán incandescente derramando mi lava voluptuosa en el fuego de tu herida que se abre lasciva para mí.
      
                                                        

2 de febrero de 2011

Echandote de menos

                                 
         
Cansado del dios dinero y de bancos usureros,
de politicos corruptos por la gracia del soborno,
de jueces prepotentes, de abogados delincuentes,
y de zombis que controlan el destino del planeta.

Cansado de periodistas, sicarios polarizados,
de cazadores infectos de animales indefensos,
de violadores de niños escondidos en iglesias,
y de moscas atraidas por aromas de excrementos.

Cansado de ignorantes con caretas de poeta,
de xenófobos diestros, desacierto al descubierto,
de compulsivos yonkis del morbo mediatico,
y de pendejos obtusos, mentecatos, mamelucos.

Cansado de camas frías y de cuerpos extraños,
de remover mis recuerdos en burdeles de mármol,
de soñar que tus ojos calientan mi desierto helado,
y de esperarte en la nieve junto a mi lobo estepario.
              
                                                                    

27 de noviembre de 2010

Soledad

Flotas en el aire, con ritmo desolado,
en el cielo mojado y gris, en el tejado,
escoltas mi alma, viajando sin boleto,
en un tren vacío, de largo recorrido.


Alegría,  lloras ensangrentada,
no puedes descifrar el jeroglífico,
y cabalgas, amazona enloquecida,
cayendo apresurada al precipicio.


Solitaria, miras la lluvia embravecida,
sorteas proyectiles, del cielo lanzados,
caminas elegante, junto al acantilado,
acariciando al fin, mi madrugada.

En un rincón, abandonas la tristeza,
bella y dulce dama marginada,
quien te odia, soledad enamorada,
de ti....... de ti no sabe nada.

19 de octubre de 2010

Nos vemos en la Tierra

 Nos conocimos durante el Big Bang,
un segundo después, la gran explosión
nos lanzó al sur del universo.
Tu hablabas y yo te miraba, mientras
te recogias la estela blanca de tu pelo
con una cinta de mercurio.

En nuestro viaje por el tiempo,
vimos como se formaron las galaxias
entre música de color.

Acordamos vernos en la Tierra
y como en una cita ciega,
me reconociste aquella noche
porque yo te miraba a tí,
mientras el resto de la gente
miraba a las estrellas.
          

Steppenwolf