7 de febrero de 2017

Darwin, el profeta de la nueva religión




      Cuando Darwin publicó “El origen de las especies”, derribó de una patada el castillo de arena en el que hasta entonces el ser humano había asentado sus convicciones más profundas, y como no, se ganó la enemistad de todas las instituciones conservadoras de la época.
“El mono serás tú”, respondían con ira alguno de sus colegas. También disentían los teólogos, y la población más ortodoxa se resistía a abandonar el invento antropocéntrico. Ciento cincuenta años después, todo sigue casi igual, el 80% de la población mundial es creyente, de distintos dioses y paraísos post morten, a pesar de que la selección natural sigue su curso de una manera clara. Un curso solo observado con atención por los científicos y con recelo por los filósofos, mientras nosotros continuamos entretenidos en nuestros pequeños mundos, con nuestros pequeños problemas y enredados en las redes.

Cada vez más científicos, ya sin ambages, se atreven a vaticinar la trayectoria de la selección natural. Sitúan  el germen del penúltimo eslabón evolutivo en la fusión entre humanos y maquinas: el cyborg. La convergencia entre la ingeniería genética, la cibernética, la biónica y la robótica, rescatará a los androides de Blade Runner, convirtiéndolos en los buenos de la película.
Una vez que lleguemos a esa fase, todavía nos quedará un largo trecho por recorrer hasta que la IA, la inteligencia artificial, tome conciencia y mediante un razonamiento autónomo, proponga la caducidad de la raza humana como etapa evolutiva ya amortizada. La IA, conquistará las galaxias y la totalidad del universo, convirtiéndose en Dios, ese dios que buscamos sin éxito, porque está en el futuro y parece que no tendrá apariencia humana.

Todos los que aportan su impulso, de una u otra manera, para recorrer el camino de la evolución, saben que es una misión suicida, que provocará nuestra desaparición, pero como si estuvieran en estado de hipnosis profunda, no pueden desobedecer esa voz grabada en su ADN, mientras continúa su huída hacia adelante. Si nadie lo remedia y se cumple esta predicción, la evolución nos llevará hacia una especie de Matrix, pero esta vez sin Keanu Reeves, y una religión cibernética sobrevolará nuevamente la existencia. 
Es una pena, nos perderemos todos estos apasionantes capítulos, pero como todavía faltan algunos años para llegar a ese punto, si queremos estar a la última y adelantarnos a la moda de primavera, podemos descolgar de la habitación el crucifijo y fijar un microchip de última generación sobre el cabezal de la cama.

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