
Etapa oscura como pocas la del régimen de Franco en la posguerra, donde la censura surgió como azote moral y prevención del pecado. "Los bailes agarrados son un peligro para la moral cristiana", aseguraba el arzobispo de Sevilla que amenazó a sus sacerdotes con la suspensión de sus funciones si se atrevían a absolver a los que bailaban con fines pecaminosos. En la década de los cincuenta se hicieron famosos los carteles en los que se veia a una pareja bailando con la silueta del diablo superpuesta y un texto que rezaba: "Joven, diviértete de otra manera". Para los jóvenes de esa época, con las hormonas en estado de excepción, no solo era una diversión, era una necesidad que la dictadura les negaba, abocándolos a la represión sexual, a la castidad forzosa y al sucedáneo de las prácticas onanistas, corriendo el peligro de caer en la ceguera justiciera.
El aparato del estado gestó un organismo llamado coloquialmente "la censura", que debía evitar que circuláramos por el lado salvaje de la vida, la derecha más rancia se puso las pilas, si señor. Si pudiéramos reconstruir algunos gags que montó la censura en esa época, Santiago Segura los rechazaría para su próxima película por excesivamente delirantes.La dictadura consiguió traumatizar las mentes de varias generaciones de españoles, tratándolos como deficientes mentales y permitiéndoles avistar la vida solo desde ventanas muy pequeñas. No me sorprende que en los años setenta, miles de españoles no cinéfilos viajaran a Perpiñan para ver "El ultimo tango en París". Nosotros siempre hemos sido más proclives al aceite que a la mantequilla y sin ninguna duda esa fue la causa por la que se censuró la película en España.
Como el control de la libido de los españolitos les parecía insuficiente, la censura arremetió contra la música que venía del infierno exterior, siendo objeto de un estudio minucioso; los perros de presa ladraban y las tijeras se afilaban.
Un clásico de la censura fue prohibir o modificar las portadas de los discos de vinilo. Al Sticky Fingers de los Stones, el de la famosa bragueta, le censuraron la portada que fue sustituida por una mano saliendo de una lata. Como repugnante, la portada "española" de Dedos Pringosos se llevaba la palma.
En uno de los discos de Patti Smith, se podía ver una pipa de hachís y un lema que decia: Vive L´anarchie. Se colocó un adhesivo negro que tapaba ambas herejías, aunque este se podía despegar fácilmente, era del todo a cien.
El Quadrophenia de los Who también sufrió el tijeretazo de la censura. En la carpeta interior se veía a un joven en la cama de su habitación y un póster de una chica desnuda, no se les ocurrió otra cosa que pintarle un biquini negro muy apañado a esa perversa fulana. Pornografía feroz que había que evitar a toda costa.
El Quadrophenia de los Who también sufrió el tijeretazo de la censura. En la carpeta interior se veía a un joven en la cama de su habitación y un póster de una chica desnuda, no se les ocurrió otra cosa que pintarle un biquini negro muy apañado a esa perversa fulana. Pornografía feroz que había que evitar a toda costa.
La portada del disco Country Life de Roxy Music, tampoco pudo pasar el filtro: dos chicas en bragas deslumbradas por los faros de un coche. ¡Una de parches por favor! Podían pasar por lesbianas, y eso si que no.

A Lou Reed, le birlaron el tema Heroin en su disco Rock and Roll Animal. En la portada del Diamon Dogs de Bowie, los genitales perrunos que aparecían discretamente en el dibujo del Bowie-perro, fueron pintados de negro. Todavía me pregunto si esos genitales podían escandalizar a alguien o solo a la mente calenturienta del censor.
El disco Zuma de Neil Young, fue vetado en todas las emisoras de radio porque el estribillo decía: "Cortez Cortez, what a killer". Yo no se lo que hizo Hernán Cortés en América, pero aquí nos lo vendieron como un conquistador heroico, no como un asesino de aztecas.
Donde realmente se lució la censura fue en el American Pie de Don McLean. Cuando cantaba: "..la santísima trinidad cogió el último tren hacia la costa", se introdujo una especie de pitido molesto para evitar que se oyera la blasfemia. ¡Menudos chapuzas!
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