22 de marzo de 2011

El pasajero




       Hace más de veinte años trabajé en el puerto de Alicante, tenia una pequeña barca con un motor de 250cc. de quinta o sexta mano, cuatro plazas y ninguna medida de seguridad, era lo más parecido a una patera. Por ochenta pesetas tampoco me podían pedir un yate, pero esos viajes a la isla de Tabarca me permitieron retomar mis estudios que abandone a los quince años y al mismo tiempo pude ayudar a mi familia. Cuando amarraba la barca al final del día, siempre visitaba a Hugo, un viejito de pelo blanco, un artista que dibujaba quemando y tallando la madera, obras de arte selectas, pero las verdaderas perlas eran las narraciones de algunos episodios de su vida y sobre todo sus reflexiones que visitaban lejanas y oscuras zonas de sabiduría. Hablando sobre el crecimiento interior, decía:
                " una persona normal anclada en el miedo, si no crece día a día, es un candidato a la neurosis. Los datos redundantes que almacenamos de manera mecánica, no sirven para nada si no aprendemos lo esencial "
        ¿Como podía crecer y conseguir porciones de sabiduría? Hugo proponía desandar el camino realizado hasta ahora, empezar de cero y leer los millones de mensajes de nuestra cadena genética. Esa era su fórmula, pero yo no tenía ni idea de como llevarla a la práctica.
       El primer pasajero que llegó al puerto esa mañana, era un profesor universitario que realizaba un estudio biológico en la isla de Tabarca. Vestía un traje clásico color gris marengo, su avanzada edad y su pelo blanco, me recordaba a Hugo, aunque no así en la manera inquisidora de interesarse por mis conocimientos:

            -- Yo he dedicado toda mi vida a la cultura, ¿Ha oído hablar de la física cuántica?
            -- No tengo ni idea  - le dije.
            -- Pues es el secreto de la vida, ¿y de la antigua Grecia que me puede decir joven?
            -- Que inventaron las olimpiadas - le dije con ironía, sin saber a que venía tanta pregunta, ¿sería un nuevo concurso de televisión?.
            -- ¿Que me puede decir de Descartes? - contraatacó el profesor.
            -- Es el que ganó el campeonato de póquer de este año, ¿no? - ya me estaba cansando su tono prepotente y se lo hice saber con mi mirada.
            -- No se da cuenta joven que con su ignorancia prácticamente ha desperdiciado su vida. - El viento arreció tanto que interrumpió el discurso del profesor. La barca estaba a punto de zozobrar por las olas.
            -- ¿Sabe nadar profesor? - le dije, preparándome para lo peor.
            -- No - dijo aterrado.
Rápidamente saqué el asiento de madera de pasajeros y se lo dí al profesor para que le sirviera de salvavidas, era lo único que flotaba en la barca.
             -- No lo suelte por nada del mundo y rece si sabe.
       A los pocos segundos volcamos y al sacar la cabeza a la superficie, no había barca ni profesor. Intente bucear para buscarlo pero apenas había visibilidad.
Nadé unos dos kilómetros hasta el puerto y le conté lo sucedido a Lucas, el más veterano de los barqueros que estaba conmigo esa mañana. Lucas me aconsejo que no comunicara el hecho a la policía, no creía mi relato. Me dijo en voz alta, varias veces y acentuando cada silaba como si yo estuviera sordo:
             -- Cuando has salido del puerto esta mañana estabas solo, no había ningún pasajero.

       Anduve sonámbulo y sin dirección durante horas preguntándome que me había pasado, no sabía si había perdido la cabeza, pero la vieja barca desde luego que sí. Después de cambiarme de ropa y tranquilizarme, fui a la tienda de Hugo. Estaba sentado de espaldas trabajando con unas pieza de madera, me saludo sin volver la cabeza,
             -- Hola barquero, vienes pronto hoy, ¿No habrás naufragado?
             -- Si Hugo, ¿Como lo sabes?
             -- Bueno, es una posibilidad y he acertado. ¿Estás bien?  
Le conté cronológicamente todo lo que me había pasado y mi preocupación por haber tenido esa alucinación. Hugo me escuchaba sin inmutarse, como si ya lo supiera todo, hasta que comenzó a darme su versión.
             -- Creo barquero que esa alucinación ha sido un sueño dentro de la consciencia, a veces nuestro subconsciente nos quiere enviar un mensaje claro y se manifiesta así. El profesor perdió su vida por desconocer lo importante, lo esencial, que era saber nadar; de nada sirve en ese momento la física cuántica.
             -- ¿Debo preocuparme por la alucinación, Hugo? - le pregunté sonriendo.
             -- Por supuesto que no, pero si no quieres que te encierren no se lo cuentes a nadie.        
       Le di una palmada en la espalda como despedida y al girarme vi  la madera que estaba tallando, eran restos del asiento de pasajeros de mi hundida barca. Le quise preguntar como había llegado hasta aquí, pero como si hubiera leído mi pensamiento se adelantó diciéndome:
             -- Hoy ya has agotado el cupo de preguntas. Hasta mañana barquero.

17 de marzo de 2011

Atraco



        Tengo que reconocerlo, soy un atracador. Mientras espero el momento del atraco, viajo por mi memoria recordando como se produjo esta transformación. Todo empezó cuando fui despedido del banco después de una fusión. Tras varios meses de lunes al sol, la separación fue un mazazo, un jarro de agua fría. Ella se cansó de mí y yo seguía colgado de ella. Quede encerrado en una pesadilla de la que no podía despertar, me sentía victima de una maldición, de un hechizo de magia negra. Pintaban bastos y para colmo, las facturas, las multas y los avisos de embargo acudían como un bombardeo masivo, sin compasión. La angustia fue apoderándose de mí, estaba sumergido en la desidia y cada día más hundido, si no conseguía dinero rápidamente, estaría en pocas semanas durmiendo en la calle. Después de varias infructuosas entrevistas de trabajo, una luz se encendió en mi cabeza y supe en que sector quería trabajar, en mi mente solo había una palabra escrita en letras de neón: ATRACO.

        Llamé a Damián y a Marta, parados y desesperados como yo, con la moral por los suelos. Les propuse crear una sociedad para traspasar fondos desde los bancos a personas necesitadas. Esas personas necesitadas de momento éramos nosotros, y ese traspaso de fondos se llamaba atraco a bancos y a furgones blindados. No se lo tomaron en serio y tardaron varios días en reaccionar.  Tras desarrollar el proyecto, poco a poco fuimos reclutando a los mejores atracadores, valorando sobretodo su perfil personal. En pocos meses éramos una grupo armado, organizado y disciplinado, con armas y explosivos suficientes para volar paredes de acero, pero siempre con la premisa de evitar daños colaterales y bajas humanas.
        Las minutos anteriores al atraco eran los más tensos: me ajustaba el chaleco antibalas, sacaba minuciosamente el pasamontañas del bolsillo de la chaqueta y repasaba cien veces todos los detalles. Miraba el reloj otra vez, era la hora y las pulsaciones se disparaban. Los ocho componentes del comando arrancamos los dos camiones, y sin miedo pero con la adrenalina fluyendo con fuerza por las venas, preparábamos la emboscada del furgón blindado. 

Cuando trabajaba en el banco robaba a pensionistas, a familias con problemas para llegar a fin de mes y preparaba desahucios para expulsar a las victimas que no podían pagar la hipoteca de sus pisos. El banco se quedaba con el piso y con el dinero que habían pagado anteriormente la víctima, y a pesar de no ser un negocio redondo para los banqueros, todos sabemos que la banca siempre gana. Ahora ayudaba al proceso de devolución del dinero que los bancos habían robado anteriormente a la gente. Era de justicia, no me sentía un ladrón, en todo caso un transportista. 

        En el momento del atraco, el furgón apenas opuso resistencia, incluso diría que había cierta sonrisa cómplice entre los guardias de seguridad de la compañía. Era el décimo atraco en un año y cada vez sucedían de una manera más surrealista, como si de una silenciosa fiesta popular se tratara. Todo el dinero "recaudado" sería utilizado para crear cooperativas, subvencionar centros de rehabilitación social y laboral, para la concesión de microcréditos que ayudarían a mover lentamente el complicado engranaje económico desde abajo. Nuestros trabajadores y colaboradores aumentan sin parar porque juntos podemos, porque somos la nueva mafia con tentáculos de seda, somos la marea que suave y firmemente ocupa de nuevo la playa que le pertenece, somos la tormenta que alejará de nuestros bolsillos a los corruptos.
          

13 de marzo de 2011

Anoche tuve un sueño






         Anoche tuve un sueño, soñé que los soldados eran sabios pensadores, embajadores de la paz, mediadores entre pueblos en conflicto, reconstructores de ciudades quemadas, cicatrizadores de heridas, puntos de apoyo de nuevas generaciones libres de odio. 
       
        Anoche soñé que no eran necesarios los ejércitos, que no existían pobres ni marginados, ni religiones ni fronteras, soñé que recuperábamos la consciencia y protegíamos a nuestros animales y a la Tierra.


       Anoche soñé que nuestra vida era una fiesta y que un río brillante de solidaridad bañaba muestras calles y nuestras almas.


       Anoche soñé que descubríamos la razón de nuestra existencia ............pero hoy he despertado.       
              


                            

9 de marzo de 2011

Monjas millonarias




-Doctor, esta noche he soñado que a unas monjas le robaban millón y medio de euros que tenian en un armario. ¿Que puedo hacer?.
 -Tómese dos pastillas por la noche, o mejor, todo el frasco.                                                            
                                                                                                   
El robo en el convento cisterciense de Santa Lucía en Zaragoza, lejos de aclararse, está adquiriendo tintes de novela de intriga. A los interrogantes de qué hacían unas monjas de clausura con un millón y medio de euros en efectivo guardados en bolsas de plástico y quién los robó, se sumó ayer una nueva incógnita, el cambio de versión de las religiosas tanto en la suma sustraída como en su procedencia.
El abogado de las monjas se encargó de puntualizar ayer en los juzgados de la plaza del Pilar, a donde acudió para personarse en la causa y ampliar la denuncia, que las monjas nunca declararon que les fueran sustraídos un millón y medio de euros, sino que en la denuncia que presentaron el día 1 de marzo, concretaron que fueron 450.000. "En distintos tipos de billetes, no solo de 500", ha apostillado esta mañana.


Según fuentes cercanas a la investigación, las primeras explicaciones de las monjas se hicieron entre las 7.30 y 8 de la mañana del día 28, cuando informaron a los agentes de la comisaría de distrito del barrio de San José que acudieron al convento, que "echaban en falta un millón y medio de euros" que, según indicaron, guardaban en bolsas de plástico en el interior de un armario. La policía científica pudo comprobar que se habían forzado tres puertas, la de entrada, la de la habitación donde se guardaba el dinero y la del mueble que lo contenía. Sin embrago, cuando el Grupo de Robos de la Brigada Provincial de la Policía Judicial se hizo cargo del caso y volvieron a tomar declaración a las religiosas, la monja superiora, que se personó en las dependencias policiales, dio la cifra de 450.000 euros.


Las monjas también se contradicen a la hora de explicar el origen del dinero en efectivo. En su primera declaración alegaron que provenía de los "ahorrillos" de 40 años. El 1 de marzo, "seguramente alertadas de que semejante cantidad podría ser constitutiva de delito fiscal", según una hipótesis de fuentes cercanas a la investigación, relataron que eran fruto de los ingresos por sus actividades de encuadernación y la venta de los cuadros de sor Isabel Guerra, la monja pintora. Ayer, el abogado también apostilló a la prensa que parte del dinero acababan de sacarlo del banco y tenían preparadas varias cantidades en efectivo para entregarlas como limosna.


La policía encargada del caso ya ha remitido un informe a la Agencia Tributaria que exigirá a la congregación que justifique la procedencia del dinero que guardaban las monjas. Esta mañana, sin embargo el abogado de las monjas no ha creído necesario que sus representadas deban probar de dónde viene."No están acostumbradas a dar explicaciones de lo que hacen", ha dicho, y ha comentado que ellas prefieren tener el dinero en el convento porque "dado que no pueden salir a la calle a menudo a sacarlo", así lo tienen a mano.
A las monjas no parece asustarles que el ladrón sea alguien cercano. "Ellas lo que quieren es recuperar su tranquilidad de espíritu para continuar con sus rezos y su trabajo".
                                                                       (Extracto de El País  09/03/2011)


6 de marzo de 2011

Cabalgando en la tormenta

 


        No me ofrezcáis vuestros prejuicios, son pesados fardos que arrastran los masoquistas con patética resignación. No me apoyo en la tristeza ni en la melancolía, tan solo me sitúo  lejos de la envidia y de la vanidad, de las risas histéricas y de las lagrimas de miedo. Vivo sin remordimientos, sin creer en nada, sin fe y sin esperanza, sin la morbosa dependencia de la manada. No venero a mitos ni persigo sublimes ideales, porque nada me importa, todo me sobra, excepto tú.

        Viajo sobre las rojas redes de un universo carnal, y me elevo sobre vuestras miradas y sobre las leyes temporales que sin criterio alguno creáis y volvéis a destruir como castillos de arena. Rechazo los grilletes con cadenas que me ofrece la fundación humana y vuestros refugios apilados en la ciudad del miedo.

No formo parte del rebaño que adora a vuestros dioses de barro, no soy blanco ni soy negro porque no entiendo de colores, no soy de aquí ni de allí porque no distingo las fronteras, no pasto junto al rebaño porque no bailo al son de los tambores. Solo dependo de ti.

        Y como un depredador hambriento de tu cuerpo, te busco en el azote del huracán, en el bramido del mar chocando contra las rocas y en la furia del rayo que vomita truenos justicieros. Como un asesino desesperado, me aferro a tu cintura desnuda cabalgando en la tormenta y asedio tu volcán incandescente derramando mi lava voluptuosa en el fuego de tu herida que se abre lasciva para mí.
      
                                                        

3 de marzo de 2011

El Sexto Mandamiento






              La pésima gestión que ha realizado la iglesia de la sexualidad propia y ajena, ha minado los cimientos de la institución de una manera tan contundente que podría ocasionar el desplome de todo el edificio cristiano en los próximos años. El principio del caos sin ninguna duda ha sido el celibato, la prohibición del sacramento del matrimonio para el clero a pesar de que en los primeros años los sacerdotes se casaban sin mayores problemas, y sin ir más lejos, la cabeza visible del cristianismo en sus inicios, los apóstoles San Pablo y San Pedro, estaban casados.


       La mano de hierro de la Iglesia llegó a sus cotas mas altas con el papa Gregorio VII en el siglo XI, que no solo se enfrentó al emperador Enrique IV, al que excomulgó, sino que proclamo públicamente su feroz misoginia dejando perlas como esta: "La Iglesia no puede liberarse de las garras del laicismo sin antes escapar de las garras de sus esposas". La Iglesia paso de pobre y perseguida, a rica y perseguidora. Había que evitar que los sacerdotes cedieran sus bienes parroquiales a sus viudas y descendientes, siendo obligados a aceptar el celibato y provocando la expulsión de sus mujeres e hijos que fueron vendidos como esclavos.


       Estas medidas provocaron que las mujeres de los sacerdotes fueran sustituidas por concubinas y que los excesos sexuales fueran moneda común dentro del clero. Los conventos cercanos a los monasterios eran utilizados como prostíbulos, con monjas que solo lo eran de nombre. Florecieron monasterios exclusivamente homosexuales y conventos que se convirtieron en refugios de lesbianas que habían huido del machismo reinante, de matrimonios impuestos o de la hoguera. El descubrimiento de pequeños cadáveres de recién nacidos enterrados junto a los conventos, destaparon innumerables casos de infanticidios que reflejaba la patética situación de la castidad del clero.


       El mantenimiento del celibato contra viento y marea ha sido un suicidio para el clero, una bomba de relojería que ha explotado y ha manchado a la Iglesia, convirtiéndose tristemente en símbolo de perversión sexual a los ojos de la sociedad laica que se ha cansado de callar y ahora denuncia. Oímos repetidamente al papa Ratzinger pedir perdón por los abusos sexuales que han cometido sus sacerdotes por todo el mundo y en todas las épocas, cuando el sabe muy bien que pedir perdón no es suficiente.

        A pesar de los fichajes de sacerdotes africanos, latinoamericanos y europeos del este, la edad media del clero en España es de 60 años y dentro de 20, se calcula que solo quedará la cuarta parte de ellos. Ante este incierto futuro, la Iglesia debería soltar lastre y preparar una gran fiesta de despedida de la castidad, de todos los dogmas delirantes que ya nadie se traga, y presentarse como un partido político que luche por el poder y por el sueño oculto del Cristianismo y de todas las religiones: gobernar en el cielo.......... y en la tierra.




                                                                                             

Steppenwolf